Cuando estaba yo muy chica, cuando tenía como 7 años, empecé a ver papás que paseaban con sus hijos llevándolos con una correa. Pero era más bien como un cordón de teléfono, enrolladito y todo, que se adaptaba a la muñeca del papá y a la del niño. Tal vez no era muy flashy porque no alcanzó a popularizarse lo suficiente.
Para mi suerte, mis papás no consideraron que yo necesitara una cosa de esas y bueno, no es algo que viera mucho. Pero el sábado fuí a la FIL con unas amigas y mientras hacíamos fila para pagar el estacionamiento, vimos a un niño que traía una especie de pechera, como la de los perros, y también su mamá lo traía de la correa.
Considerando que en la FIL hay ocho mil millones de personas y que hay muchos atractivos para niños, es una buena medida de seguridad que traigas al chiquillo bien cuidado. Pero la gente se indigna muchísimo si uno osa incluir en la misma frase las palabras niño y perro.
Por ejemplo, me dice alguna mamá: es que mi Perejilito es todo un genio, respira y parpadea al mismo tiempo!!! ¿qué le puedo contestar yo? algo así como ahhh pues muchas felicidades, Penny (mi perra) también lo puede hacer. Uf, casi me asfixian las madres de los perejilitos del mundo cuando digo eso.
La gente es hipersensible cuando uno habla de eso, pero no es maldad. Evidentemente hay 7 mundos de diferencia entre un chamaco y un chucho. Pero si yo no tengo hijos, la única cosa viviente de la que me hago responsable es de Penny, no es una comparación de especies.
Y con toda y esa indignación les ponen a los niños sus correas de perro...

