El dolor de espalda es algo que me ha acompañado durante toda la vida, así que no lo incluiré como señal del viejazo (aunque si gustan, también podemos añadirlo).
En secundaria, era yo un as para el salto de altura hasta que un día casi se me rompe la espalda en dos, o bueno, la verdad no recuerdo exactamente qué me pasó pero tras radiografías y drogas (iiiiii, drogas) medio me compuse. El problema es que nos dejaban unas planas de mecanografía aburridísimas y eternas así que más me jodí con la posición en la que me sentaba.
Luego años de usar la computadora pasan la cuenta. El problema más grande vino en cuatro patas. El año pasado cuando llegó Penny, tuve que cambiar mucho la manera en que me sentaba a escribir y como esa actividad me puede llevar a veces el día entero, fue un gran error.
Primero acomodé la mesa de centro de la sala frente a uno de los sillones, así dejaba más espacio libre para que la cacharra corriera y de paso bloqueaba el cablerío y contactos más usados para que no se fuera a freir con un cablecito que se viera sabroso.
Ya Penny creció y no se come todos los cables ni hace travesuras como antes así que hice unos cambios y ya mi espacio de trabajo quedó totalmente reacondicionado y la mesa y la sala, ya en su lugar, parecen de humanos otra vez.
Pero la cuota fue cara; con la chamba, me la paso horas en la compu así que es imposible que un día no tenga dolores de cuello, espalda, cintura, codo, coxis, tobillo. Uta, ya el doctor me recetó más drogas pero odio pasar por estas cosas que mientras las haces ni cuenta te das.
Ahora, no sólo sigo saliendo a correr con la cacharra, también tengo que hacer más horas-no-silla y dejar de sentarme como loro.
La mera verdad lo que quisiera es un masajista/esclavo sexual.

