Hoy ser a la antigüita significa haber sido novedad hace 3 años y no hace 30. Oh, los viejecitos dirían que todo avanza muy rápido -menos el tráfico- y tal parece que tendrían razón.
Pero en estos días, un blog personal es algo medio pasado de moda. Habiendo tantas cosas más nuevas e invasivas, listas para contarle al mundo lo fabuloso (?) de nuestras vidas, decantarse por un blog es tan arcaico como acentuar la palabra sólo.
Como sea, para mí bloggear es una costumbre tan arraigada como leer antes de dormir. No hay nada como deleitarte hablando de las estupideces o profundidades que te traen de cabeza. Como lo que sucedió hoy, que me hizo recuperar -parcialmente- la fe en la humanidad.
Todo comenzó ayer, que fue un día ajetreado se le mirara por donde se le mirara. Para rematar, perdí mi teléfono, cosa que no me había sucedido nunca. He perdido bolsas, ropa, zapatos pero nunca el teléfono y ayer casi me muero, fue un golpe duro. Pero me lo regresaron. De una manera increíble y de película de Sandra Bullock, regresó mi adorado esclavo.
Y si no tuviera un blog, no podría decir con todas ss ltrs que todavía hay gente honrada en este planeta. Bendita burbuja.