(Este post iba a ser publicado originalmente el viernes pero todo sucedió, así que será hasta ahora).
Viernes, post, nublado y lluvia, buena combinación.
Desde hace días, y con mis agentes informantes de siempre, estuve platicando sobre la posibilidad de escribir sobre el tamaño de los atributos masculinos. En lenguaje simple, del tamaño del pene.
Es clásico que un hombre alegue que lo importante es saber cómo usarlo y aunque tiene su dosis de verdad ese alegato, hay que ser honestos de una vez.
Evidentemente yo no podría hablar por toda la población femenina pero sí importa, mucho. Así como a los hombres les parece atractiva cualquier mujer que se vea más o menos proporcionada en una minifalda y es casi cuestión natural verlos babearse poquito, también nosotras respondemos a algo bien proporcionado.
No significa tampoco que el tamaño pequeño no sirva para nada, sí sirve y normal pero en mi experiencia, los 25 centimetros no tienen que esforzarse mucho para hacer a alguien más feliz, sin necesidad de fingimientos ni nada por el estilo.
Lo malo es que no tiene uno manera de saber realmente el tamaño de alguien hasta que lo ve (nunca mejor dicho) en pelotas. Esos trucos de que es del tamaño entre el pulgar y la punta del índice y que la talla del pie y blablabla, es eso, puro blablabla.
Pero bueno, bien dice el dicho: Caballo grande, ande o no ande.
