Es muy difícil discernir la diferencia entre el bien y el mal. Tiene mucho que ver con lo que te enseñaron al crecer y el ambiente que te rodea hasta el día de hoy.
Creo que otra señal del viejazo bastante afortunada es que cada día puede hacerse más sencillo el entender esta diferencia. El entender que hay gente, lugares, situaciones, que no te convienen y que lo que importa es otra cosa distinta.
No es el dinero, que ayuda y que se sufre si no se tiene, pero tampoco debe ser el fin último. No es el poder o el sexo. Pero cuando todo se distorsiona -y es fácil- también se cae en esas tentaciones tan mundanas.
Ahora que ya voy a cumplir años, me alegra pensar que no han sido en vano todas las experiencias vividas, dolorosas o alegres. Ahora por elección y sin irse de cabeza, uno puede decidir no lastimar a alguien más, no llenarse de excusas tontas y reinterpretar la vida de una manera más interesante.
Quién lo diría...
