10/26/2016

La novela

Todo sucedió un día que caminaba pensando en la inmoralidad del cangrejo. Y sí, intencionadamente era inmoral, no inmortal.

No iba con mucha prisa, cosa rara porque me gusta caminar muy rápido cuando es posible. Pero entre el ensimismamiento y demás, sí pude alcanzar a vislumbrar algo tirado en la alfombra. Era un pedazo de papel. Ah no, era una tarjeta de presentación.

Como buena ciudadana, pensé: -¿Qué tal que es importante y a alguien le hace falta?- Dada la descripción de la persona, no creo que haya sido cualquier tarjeta.

Google (se pronuncia gugl, no gogle) siempre resuelve esas interrogantes y pregunté ¿Qué se hace cuando encuentras la tarjeta de presentación de alguien rimbombante y crees que le hará falta a quien lo perdió? -Voy a tener suerte-. No. La verdad es que no le pregunté eso. Lo que hice fue lo que cualquier persona con habilidades de stalkeo de baja intensidad haría: guglear el nombre.

Grande, muy grande, sería mi sorpresa al ver quién era el dueño de semejante pedazo de papel. Para más señas, era un hombre, tall, dark and handsome.

La opción era marcar el número de teléfono y describir la situación del encuentro al ya descrito. Obviamente mi ansiedad no iba a permitir que hiciera semejante atrevimiento, ni que estuviera beoda. Pensándolo bien, borracha me hubiera salido mejor.

Y pensándolo otra vez, estaba muy guapo el protagonista. Y pensándolo aún mejor, era el prototipo para una historia de Televisa. Emilio Larrosa me agradecería eternamente que le diera la idea en eshta era cibernética. De ahí el protagonista se reuniría con la mujer que casualmente se encontró con su nombre en papel cuché. O sepa la bola qué clase de papel finíshimo era el de la tarjeta.

Recordé aquella escena de American Psycho donde los investment bankers se la miden con sus tarjetas de presentación. Ridículo, snob y sinsentido. Pero cabe aclarar que leí el libro antes de ver la película entonces le di demasiada importancia al hecho ya que pensaba que alguien que se toma tanto tiempo en currarse la tarjeta así, sería alguien minucioso.

Después traté de acordarme fuera de qué oficina había encontrado la tarjeta pero mi memoria de pescado lo impidió. Creo que ya debería de viajar con una GoPro a cuestas para acordarme de todo lo que hago. Sería muy útil en casos como éste. Dijo nadie nunca.

En fin, consideré añadir a la persona en cuestión a mi Facebook pero eso me hizo angustiarme mas. El narcisismo de creer que todo mundo está preocupadísimo por qué y a quién añado a mi Facebook (que ni tengo) me lo impidió.

Pensé en preguntarle al RP del lugar, sabía que sabría bajo qué circunstancias y qué motivaciones tendría Mr. Business Card para estar ahi ese día. Pero sabía que si hablaba con el RP, éste se emocionaría y se detendría a contarme la historia de su vida (Por enésima vez) (esta cara de psicóloga) y no conseguiría llegar del punto A al punto Ahhhhh.

¿Qué otra opción tendría? Para estas alturas, mi cerebro ya estaba pensando en estrenar el pantalon de florecitas que compré ayer. No sé si podría ser detective privado o escritora de tele-noveas.

La tarjeta acabó en el cubo de basura que está afuera del Starbucks.

2 comments:

Mayra said...

Despues de 6 anios de no escribir en mi blog, me encuentro con que usted tdv sigue aqui. Saludos desde Chula Vista, CA

Ingrid said...

Hola!! Qué gusto saludarte :D Yo aquí sigo al pie del cañón, gracias por escribir! Saludos hasta Chula Vista!